
Durante 2024, los hogares colombianos gastaron más de $25,9 billones en alimentos derivados del trigo, una cifra que no solo refleja su importancia en la economía familiar, sino que también confirma su rol fundamental en la alimentación diaria de millones de personas. Así lo reveló un reciente informe de RADDAR, en colaboración con la Cámara de Molineros de Trigo de la ANDI, el cual analizó el comportamiento de consumo en torno a productos como el pan, las galletas, las pastas y otros productos de panadería.
La investigación indica que estos alimentos representan el 2,37 % del gasto total de los hogares colombianos y el 7,62 % del gasto destinado a alimentación para el hogar. Este dato posiciona a los alimentos derivados del trigo como un componente esencial en la dieta nacional, tanto por su valor nutricional como por su presencia cultural en distintas regiones del país.
Dentro de esta canasta, el pan continúa siendo el producto más consumido, representando el 50 % del gasto total, con una inversión cercana a los $12,62 billones en 2024. Sin embargo, hay un crecimiento notorio en otras categorías como las galletas y productos de panadería artesanal, lo que evidencia un cambio en los hábitos y preferencias de consumo de los colombianos.
Este aumento responde en parte a nuevas dinámicas sociales y al auge de pequeños emprendimientos de panadería en barrios y zonas residenciales, especialmente en ciudades como Bogotá, donde existen más de 8.000 panaderías de barrio, que no solo abastecen a la comunidad, sino que también generan empleo y fortalecen la economía local.
Los alimentos derivados del trigo están viviendo una transformación impulsada por nuevas preferencias de consumo, influenciadas por factores como el estilo de vida urbano, la búsqueda de conveniencia, y el acceso a opciones más variadas. Las galletas, pastas artesanales, muffins y productos integrales están ganando terreno, generando oportunidades para los actores de esta industria, desde grandes molinos hasta pequeños productores locales.
Además, el informe subraya que toda la harina de trigo producida en Colombia está fortificada con vitaminas B1, B2, B3, B9, hierro y ácido fólico, convirtiendo a productos como el pan y las pastas en verdaderos vehículos nutricionales. Esto es especialmente relevante en un país donde cerca del 40 % de la población enfrenta inseguridad alimentaria, según cifras oficiales.
Uno de los hallazgos más interesantes del estudio tiene que ver con las preferencias regionales. Mientras en el centro-sur y sur del país —específicamente en ciudades como Neiva y Pasto— el gasto en pan es significativamente más alto, en la región Caribe —Cartagena y Barranquilla— y en Cúcuta, el gasto se enfoca más en harinas de trigo, lo cual refleja las costumbres culinarias locales y la manera en que estos productos son incorporados en la cocina tradicional.
Este panorama diverso también implica que las estrategias comerciales deben ajustarse a cada región, potenciando aquellos productos con mayor afinidad cultural y funcionalidad gastronómica.
El estudio destaca que tanto el pan como las pastas ya están incluidos dentro de la canasta básica familiar, según el DANE. Además, son parte esencial del Índice de Precios al Consumidor (IPC), donde han mostrado un crecimiento sostenido desde febrero de 2021, a pesar de la inflación y los desafíos económicos.
Pilar Ortiz, directora ejecutiva de la Cámara de Molineros de Trigo de la ANDI, aseguró que el comportamiento del consumo confirma que los alimentos derivados del trigo “siguen teniendo un lugar fundamental en la mesa de los colombianos, no solo por su valor nutricional y accesibilidad, sino también por su arraigo cultural en todas las regiones del país”.
Esta afirmación resalta el papel estratégico que tiene el sector molinero en la seguridad alimentaria del país, al garantizar el acceso a productos nutritivos, accesibles y culturalmente relevantes para millones de colombianos.
La capital colombiana también tiene un papel destacado en esta historia. Con un ecosistema sólido de panaderías de barrio, muchas de ellas familiares o comunitarias, Bogotá se consolida como un centro de consumo e innovación en el sector. Estas panaderías, más allá de su función comercial, representan un modelo de emprendimiento sostenible que responde a las necesidades del consumidor urbano actual: cercanía, frescura y variedad.
Además, muchas de estas panaderías han comenzado a diversificar su oferta con productos veganos, integrales o libres de azúcar, mostrando la capacidad del sector para adaptarse a tendencias de consumo más saludables.
La Cámara de Molineros de Trigo de Colombia – Fedemol, como parte de la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (ANDI), ha sido un actor clave en la articulación de la cadena productiva del trigo. Desde la importación y procesamiento de la materia prima, hasta la promoción del consumo de sus derivados, su labor se centra en mejorar la competitividad del sector, garantizando a su vez un acceso amplio a productos esenciales para la población.
En ese sentido, sus esfuerzos no solo apuntan a sostener el crecimiento del consumo, sino a promover políticas públicas que fortalezcan la seguridad alimentaria y el desarrollo económico del país.






